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Llevo muchos años disfrutando de los relojes. Algunos han llegado a mi colección, otros se han marchado y muchos se han quedado únicamente en la categoría de los sueños. Con el tiempo también he descubierto algo sobre mis gustos: me atraen los relojes equilibrados, legibles y con personalidad. La simetría es algo que valoro especialmente. Me gustan las esferas donde cada elemento parece estar exactamente donde debe estar. Quizá por eso muchos de mis relojes favoritos prescinden de ventanas de fecha, complicaciones innecesarias o diseños recargados.

Por supuesto, también me gustan las historias. Y los relojes de este artículo cuentan historias muy diferentes. No pretendo hacer una lista de los mejores relojes del mundo, ni una guía de compra, ni una comparativa técnica. Son simplemente algunos relojes que me gustan, piezas que por una razón u otra siempre vuelven a mi cabeza.

Longines Spirit Pilot

Si hoy tuviese que elegir un reloj de piloto, probablemente sería el Longines Spirit Pilot. Lo que más me gusta de este modelo es que parece una auténtica herramienta de aviación sin resultar exagerado para el uso diario. Su esfera negra mate, los grandes números árabes y las agujas sobredimensionadas ofrecen una legibilidad excepcional, pero lo que realmente me atrae es el equilibrio de su diseño.

No hay ventana de fecha rompiendo la simetría de la esfera. Los numerales están completos, el logotipo se encuentra perfectamente centrado y el texto es el mínimo imprescindible. Todo transmite una sensación de orden difícil de encontrar en muchos relojes modernos. Además, tiene unas dimensiones que encajan muy bien con mis gustos actuales: es un reloj contundente, pero sin excesos.

Si tuviese que resumirlo en una sola frase, diría que es el reloj que mejor representa lo que busco actualmente en una pieza de aviación: legibilidad, equilibrio, historia y una estética capaz de envejecer muy bien.

Oris Big Crown Pointer Date

Hay relojes que destacan por sus especificaciones y otros que destacan porque tienen personalidad propia. Para mí, el Oris Big Crown Pointer Date pertenece claramente a esta segunda categoría. Lo primero que llama la atención es su característica más reconocible: la fecha mediante aguja.

En lugar de utilizar una ventana que interrumpa la esfera, una aguja adicional señala el día del mes en una escala exterior. Es una solución poco habitual y precisamente por eso resulta tan atractiva. Lo curioso es que, a pesar de incorporar una complicación adicional, sigue siendo un reloj tremendamente equilibrado visualmente. Los numerales permanecen intactos y la esfera conserva una armonía que me resulta especialmente agradable.

La gran corona, heredada de sus orígenes como reloj de aviador, le aporta además una personalidad inconfundible. En un mercado lleno de diseños similares, el Oris Big Crown Pointer Date sigue siendo inmediatamente reconocible. Y eso tiene mucho mérito.

Hamilton Murph 38 mm

Probablemente este sea el reloj más emocional de toda la lista. El Hamilton Murph existe gracias a Interstellar, mi película favorita. Muchos relojes aparecen en películas, pero muy pocos forman parte de la propia historia de una manera tan importante. El Murph pertenece a ese reducido grupo.

Durante años los aficionados pidieron a Hamilton una versión comercial del reloj utilizado en la película y, cuando finalmente llegó al mercado, se convirtió rápidamente en uno de los modelos más queridos de la marca. Aunque el reloj original utilizaba una caja de 42 mm, mi elección sería claramente la versión de 38 mm. Mantiene toda la esencia del diseño original, pero en unas proporciones mucho más adecuadas para mi muñeca.

Además, incorpora tratamiento antirreflejos en el cristal. No es el mejor del mercado, pero mejora la experiencia diaria de uso. La ausencia de ventana de fecha ayuda también a mantener una simetría que personalmente valoro mucho. Sin embargo, nada de esto es lo que convierte al Murph en un reloj especial.

Lo especial es que cada vez que lo veo pienso en Interstellar, en Hans Zimmer, en Cooper, en Murph y en una de las películas que más me han marcado. Y eso es algo que ninguna ficha técnica puede reflejar.

Omega Speedmaster Moonwatch Professional “Reverse Panda”

Y llegamos al sueño. Todos tenemos un reloj que ocupa un lugar especial en nuestra lista de deseos: ese reloj que probablemente no necesitamos, que quizá tardemos años en comprar o que incluso nunca lleguemos a tener. Para mí, ese reloj es el Omega Speedmaster Moonwatch Professional “Reverse Panda”.

Hay pocos relojes que puedan presumir de una historia tan fascinante. El Speedmaster fue elegido por la NASA y terminó convirtiéndose en uno de los relojes más asociados a la exploración espacial. Pero si algún día tuviese la oportunidad de añadir un Speedmaster a mi colección, probablemente elegiría esta versión concreta.

Los tres subdiales blancos sobre fondo negro crean un contraste espectacular. Mantiene toda la esencia del Moonwatch tradicional, pero añade una personalidad visual que me resulta imposible ignorar. A pesar de tratarse de un cronógrafo, sigue transmitiendo una sensación de orden extraordinaria: los tres registros forman una composición muy equilibrada y la legibilidad sigue siendo excelente.

Es uno de esos relojes capaces de parecer modernos y clásicos al mismo tiempo. Quizá por eso sigue siendo mi gran sueño dentro de la relojería: no solo por su historia, sino porque reúne muchas de las cosas que más valoro en un reloj.

Soñar es gratis

Cuando observo esta selección me doy cuenta de que todos estos relojes tienen algo en común. No están aquí únicamente por sus especificaciones: el Longines representa la legibilidad y el equilibrio, el Oris representa la personalidad, el Murph representa la emoción y el Speedmaster representa un sueño.

Sin embargo, todos comparten una misma filosofía: no sobra nada. Cada número, cada aguja y cada detalle parecen estar exactamente donde deben estar. Quizá por eso siguen llamando mi atención una y otra vez. Porque, al final, los relojes que más me gustan no son necesariamente los más complejos ni los más caros. Son aquellos que consiguen contar una historia sin dejar de ser extraordinariamente simples.